Jueves, 5 Diciembre, 2019

La Humildad: Nada que ver con sumisión, indignidad o pasividad.

Por José Edgar Castaño,

Neurofacilitador

El orígen del vocablo es el Latín; proviene de humus>> que significa “tierra”.

Pero no es una tierra arenosa arcillosa. Se trata de una tierra: oscura, rica y orgánica.

Ya sabemos lo que resulta de plantar una bellota en una tierra fértil: se produce un roble. Cuando “poseemos suficiente humus en nuestra conciencia”, crecemos y nos desarrollamos con facilidad y pronto ayudamos a prosperar a cuantos nos rodean. La humildad propicia el crecimiento.

Esta palabra merece nuestras reflexiones con la intención de rescatarla: ha sido distorsionada y la manera como se entiende en la mayoría de los contextos -especialmente entre los más jóvenes – es inapropiada. Se pretende emparentar con conceptos tales como: ser pasivo, encorvar la espalda, agachar la cabeza, ser sumiso y ser pobre.

Nada más alejado de la realidad.

Veámos sus reales significados

1º Mostrarse dispuesto a dejar que otros nos enseñen y guíen: implica un afán continuo de aprender, crecer y expandirse, tolerando la acciòn o intervenciòn de los demás en algunas partes del camino que trasegamos en la dirección de nuestras metas.

Incluye una primera etapa que es la Aceptación: aceptar que no nos las sabemos todas y reconocer que otros sí pueden tener las habilidades y estrategias que para nosotros son resbaladizas. Además implica que “aceptamos de otros una parte de su experticia”, aunque mantenemos firmes nuestros criterios y valores. Quién decide colaborar con alguien que necesita de él una mano, dentro del contexto de la humildad, mantiene tácita la condición de implicar la igualdad de la consciencia entre ambos; por tanto, no hay lugar a ninguna retribución, salvo la que de manera espontánea nos brinde el universo y no el receptor de la ayuda que se prodiga.

2º También significa vivir la vida “in crescendo”, con la cabeza y la espalda erguidas mientras nos esforzamos en dar lo mejor de nosotros mismos, tendiendo luego una mano a los demás, para ayudarlos a hacer lo propio y, después, ! dar la vuelta para volver a empezar!.

3º Es el eje de la rueda, el núcleo sólido entre autodominio y liderazgo.

4º No es sinónimo pero sí implica a la disposición de “dejarnos influir” por los demás, dado que no podemos cambiar al mundo hasta no cambiar nosotros mismos.

Entonces aquí está involucrada una condición para que podamos ser competentes cuando seamos seleccionados -“por nuestros atributos”- para ayudar a otros: es que se tiene que tener capacidad, energía desbordante y un “abono”. Este último término se relaciona con los “nutrientes ” que una tierra fértil contiene en abundancia . Intento expresarlo con otras palabras: Si decido servir en humildad a otros, debo revisar que ” sí posea semillas y abonos para otorgar”, de otra manera no habrá nada que transferir al otro, excepto un potencial daño.

Entre tanto, la capacidad para servir en los contextos de humildad se refiere a que se debe tener una competencia de fuerza, salud y energía adecuada. No va a ser posible que una anciana de 99 años, ya semi paralizada por el influjo del deterioro de su biología, se haga cargo de un recién nacido abandonado por su madre.

Suele sorprenderme la sabiduría de oriente en estos temas: Entre los japoneses es común la enseñanza siguiente: Debes dedicar la primera mitad de tu vida a servir a los demás. La otra mitad, desde la madurez hasta la senectud, es para que te sirvas y cuides a tí mismo.

Para ustedes Ingresarios “de nombre” les espera su certificación: Para quienes tienen la humildad de aceptar que no lo saben todo, les aguardan unas oportunidades infinitas.

Tomo aquí un legado de un maestro de las “palabras”, Kevin Hall:

“La prosperidad se encuentra cultivando una actitud de

constante voluntad de aprender”

Una última reflexión sobre dos palabras que no son intercambiables pero que suelen estar íntimamente relacionadas: éxito y humildad. No son sinónimas, pero me parece que, donde se manifiesta una, inmediatamente hace presencia la otra.

La palabra éxito también proviene del latin, del vocablo exitus>>, que significa :” salir, abrirse paso”.

Cuando una semilla sale a través de la tierra o “humus” a la luz del sol, sigue, entonces, un sendero de éxito: se lanza ha conquistar el espacio que se presenta por encima de ella. Así pues, abrirse paso significa “tener éxito”. Y la única manera de abrirse paso de manera contundente y autosustentable es, aprovechandose del fértil “humus”.

Cuando nos centramos y nos cimentamos en la humildad, plantamos semillas de éxito (sugerencias positivas para la mente inconsciente que son nuestro humus>> psíquico).

Es inexistente una auténtica humildad sin éxito, de la misma manera que no existe un auténtico éxito sin humildad.

Seguiremos empeñados en la certificación de una actitud coherente para nosotros que deviene del efecto de “practicar Ser y Hacer ” como Ingresarios.

Hasta pronto ..!

Jose Edgar Castaño

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