Lunes, 18 Noviembre, 2019

Hemos revisado en las publicaciones previas que, desde la percepción ordinaria, es decir, desde nuestra capacidad habitual para percibir con los órganos de los sentidos tal y como los conocemos, solo podemos percibir una parte demasiado pequeña del universo. Así es, con los sentidos de la vista, el oído, el tacto, el gusto, el olfato y la capacidad de percibir movimientos, sólo podemos capturar una pequeña porción de los “datos de información” a través de los cuales el universo se manifiesta ante nosotros: Este porcentaje es menos del 5%. Ha incrementado una cantidad importante gracias a los intermediarios derivados de las aplicaciones de la investigación y el desarrollo tecnológico. Un ejemplo de ello es la mayor capacidad de percibir más profundamente en el cosmos mediante la utilización de radiotelescopios, que ya no están más limitados a percibir únicamente la luz de las estrellas, sino a otros tipos de energía emanadas por ellos. Esto se complementa con el hecho de que muchos fenómenos cósmicos y cosmogónicos se manifiestan a través de energías sutiles que hasta hace unos pocos años no podíamos detectarse. Y sí que nos falta aprender a percibir muchas más…!

El puzle es el siguiente: con nuestra dotación neurobiológica humana ordinaria sólo percibimos una parte de la ráfaga de fotones que impresionan a los campos de energía que constituyen cada cosa que parece existir en algún lugar en el espacio/tiempo. Y debo insistir en que “cada cosa” que parece ser un objeto y que podría ser observado y capturado, es en realidad un campo de energía. Es nuestro cerebro el que los transforma en una imagen virtual, o en una percepción de tipo sensorial o emocional, con el fin de que podamos entenderlos.

En este orden, la información que nos traen los fotones “que rebotan” al impresionar con los campo de energía que se pretenden observar o capturar, es la “parte” comprensible para nosotros de dicha percepción: Y es excepcional que se refleje totalmente toda la información.

La cantidad de fotones que “rebotan” y que nos otorgarían la información del campo que se observa, depende del estado de coherencia de la materia y de la energía del campo observado:

Los patrones obtenidos de la experimentación cuántica reciente han demostrado que, entre mayor sea el grado de coherencia del campo que se observa, mayor cantidad de fotones son absorbidos por dicho campo y por tanto, ante nuestros órganos de lo sentidos, se nos presenta como un “objeto o una representación “oscura, ya que, no “están rebotando casi nada de fotones”.

Que un objeto o campo de energía sea coherente o que dicho campo este absorbiendo la mayoría de los fotones que lo impresionan, es un mismo concepto.

La coherencia es, por tanto, un estado de absorción fotónica y por tanto se muestra como algo oscuro.

Es muy curioso que, recientes descubrimientos en la biología cuántica hayan demostrado que todos los seres vivos emiten luminosidad fotótica en forma espontánea. Y se ha progresado al punto que, en estos contexto tendiente a la determinación de los “estados de coherencia” de “estos campos de energía vitales”, hoy sabemos que cuando un organismo vivo en la naturaleza está en coherencia, es decir, funciona fisiológicamente bien, o lo que es lo mismo decir, se encuentra sano, se muestra con una percepción de campo oscuro: cuando se impresionan los “campos en coherencia de su energía” con haces de fotones, estos son absorbidos prácticamente en su totalidad, y al no rebotar ninguno de ellos, la percepción de un observador externo es la de un objeto oscuro.

Esta observación también es válida para el resto de los objetos o campos de energía que constituyen los demás ocupantes del universo, los denominados objetos inanimados: son campos de energía, y pueden estar en estados de coherencia o de caos.

Ahora bien: ¿Qué es lo que determina la coherencia dentro de estos “campos de energía”?

La respuesta debe de venir sin objeciones cuando nos posicionamos en el punto de Observadores Activos, es decir, cuántico. Y será un poco más difícil desde el punto de los observadores ordinarios.

La conSciencia es el elemento que, agregada por nosotros – como Observadores Activos -, en ese mismo instante de observación de un campo de energía, hace o causa que la energía del campo se muestre con un patrón de coherencia.

Los objetos que creemos observar, realmente están establecidos como campos de energía, manteniendo una doble singularidad de ser, en un continuo de tiempos imperceptibles, a la vez ondas y a la vez partículas, por tanto no existen ni como uno ni como el otro; existen solo como probabilidad. Es la acción del observador activo la que hace que se manifiesten de una o de la otra forma. Y el grado de coherencia de esta manifestación depende de la conSciencia del Observador.

Por tanto, la conSciencia causa la coherencia.

Tanto una onda como una partícula son posibles en un momento dado, y representan al mismo objeto de observación; pero no podremos nunca beneficiarnos de ambas configuraciones simultáneamente.

Los términos “medio o tibio” son contra singularidades y no tienen cabida en el universo de forma permanente:

Ser o No-Ser es la verdad y meta.

Medio Ser no existe sino en la mentalidad de los más débiles, confundido y desconectados del “Todo”.

¡ Hasta Pronto Ingresarios !

Jose Edgar Castaño

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