Jueves, 5 Diciembre, 2019

Dante Alighieri en el siglo XIV: “Vemos lo que sabemos”.

Hemos mencionado en algunas páginas de las publicaciones del Blog de FMC que hay notables diferencias en la interpretación de los eventos que ocurren en el campo de la realidad, respecto a la posición que como observadores adoptamos cuando enfrentamos al mundo. Una cosa es apreciarlo desde un punto de observación tradicional y ordinario (mecanicista y dualista), y otro diferente cuando trascendemos la barrera de la subjetividad, y superamos o por los menos ajustamos los numerosos filtros personales, culturales y biológicos que distorsionan lo que percibimos.

Cuando decidimos funcionar situados en el campo de la dualidad, mecanicista y de causa y efecto, nos limitamos en las percepciones. Además, muchas de las cosas que capturamos con los “limitados órganos de los sentidos”, vienen ya contaminadas con los filtros que de manera natural Interponemos entre lo que es real – allá afuera de nosotros, – y lo imaginario – aquí adentro -, que convertimos en representaciones mentales, la mayoría de las veces estáticas y virtuales. La parte del mundo que se percibe desde esta posición es apenas un 4 o un tímido 5% del universo manifiesto ante nosotros.

Funcionar situados en este lado de la realidad tangible, aparente, mediática, y dualista como lo hemos señalado, nos somete a vivir dentro de un universo que todavía no sabemos entender, y que tampoco sabemos percibir. También nos impide saber “la intención detrás dela intención”. Por tanto, actúa como una venda que no deja disfrutar el campo de las infinitas posibilidades.

Sí, estamos en un universo que se manifiesta “todo” abiertamente para que lo entendamos, pero nuestros sistemas de percepción y la comprensión mental de este universo es todavía muy primitiva e imperfecta. Mientras que el cosmos nos habla de muchas maneras y nos aporta muchos bits de información útil, nosotros no podemos ni sabemos atraparla. Al menos por el momento de la historia de la humanidad. Para ilustrar este asunto, me permito recordarles que la “percepción científica” de las ondas gravitacionales, solo fue lograda hasta el mes de octubre del año 2015. Entre tanto, la “gravedad” la hemos dado por “cierta” desde hace ya varios siglos.

Sí cómo observadores activos, decidimos interactuar de otra manera con toda esa realidad exterior más la realidad del campo interior, nos abocaremos a una posición privilegiada para interpretar y para experimentar. De paso porque este campo de observación es cuántico y por ello nos sitúa en la posibilidad de “aprender mucha más cantidad de la infoenergía que todo el cosmos nos manifiesta en cada instante”.

Mantenernos en un punto de observación o saltar al otro, causa unos profundos efectos en la mentalidad de las personas con quienes interactuamos todos los días. Constituye también la base para permanecer estáticos y no atrevernos a cambiar.

Si me quedo polarizado en el lado dualista o mecanicista, entonces aparece la existencia del “otro” como condición para funcionar y entender las cosas. Sin embargo, al ocurrir esto, empezamos a estar perdidos porque empoderamos “ese otro” y prácticamente todo lo que vamos a hacer, pensar, decir y sentir, lo referenciamos con “ese otro” existente allá afuera.

El otro se convierte en un referente obligado: entonces creamos el mundo de la métrica: de lo mejor y de lo peor, lo claro y lo oscuro, la riqueza y la pobreza, el amor y el odio; igualmente el contexto de comodidad- si me mantengo en lo conocido y en el pasado-, o si me muevo en el campo del sufrimiento al arriesgarnos al futuro. Además, consideramos que el tiempo y el espacio son necesarios para poder comprender el ayer y el mañana; el aquí y el allá.

Lo más catastrófico es que aprendemos a supeditarnos, a una jerarquía en donde el “otro” suele obtener una posición más privilegiada, en tanto que nosotros declinamos y nos subordinamos. Aprendemos a impulsar una estrategia, a sangre y juego: hacer que el “otro” haga lo que nosotros deseamos, y solo eso. Pretendemos que la competencia desleal es aceptable con el ánimo de ascender en este camino que integra el concepto de superación, al de pérdida o derrota de otros. No queremos ni sabemos andar colaborativamente y, por el contrario, atropellamos y golpeamos cuantas veces sean necesarias para obtener “nuestros resultados”.

Viene entonces una “inútil necesidad”: la de controlar al “otro”. En esta dirección, no seremos felices hasta que el “otro” haga lo que nosotros deseamos para nosotros. Y nos adornaremos de muchas estrategias para evitar la expansión creativa del otro: le creamos trabas y obstáculos por doquier y restringimos su libertad la cual pretendemos comprarle a veces con un salario.

Y no contentos con este “control”, ahora pretendemos meternos en sus cabezas y anticiparnos a sus pensamientos. Y queremos indagar y estar informados de sus intenciones e ideas, porque tenemos el temor de su libertad y de su auto liberación.

Aquí es dónde entramos en la estrategia de “Adivinar los Pensamientos del Otro”: Ni más ni menos, el acto de “adivinación o anticipación del Pensamiento”:

A continuación, algunas frases de este estilo:

“Yo sé lo que usted está pensando de mi “Yo sé lo que le conviene…” “

“Ya sé que no me cree…”

“Tú ya me entiende…”

“Él ya sabe…”

“Ya conozco tus intenciones…, así que tenga cuidado”

“Esa idea loca de esa gente, no funciona”

“Como mis compañeros me consideran estúpida, yo tampoco les hago caso a ellos”

“Estoy más que seguro que eso no funcionará aquí”

Por lo tanto, nos afecta y nos preocupa demasiado qué tipo de pensamientos y que intenciones tiene “el otro”; ese mismo que suele ser un subalterno suyo, un empleado, un discípulo o inclusive un familiar recostado emocionalmente en tu espalda de emprendedor.

Es por ello por lo que queremos averiguar qué piensa hacer, que intención tiene, y no nos basta con la sola observarlo y escudriñar sus resultados, que deberían bastarnos para poder situarlo en un punto clave del espacio/tiempo en el que pretendemos movernos con estos personajes en forma simultánea y colaborativa. No, queremos sacarle más información de la manera como piensa…

Deviene de aquí una costumbre irracional, desgastante y de mala leche: Influimos en una persona que tenga más influencia sobre aquella que nos tienta con sus “secretos”, y tratamos de manipularla para que alguien – que no sea yo- obtenga la información que yo deseo tener. La cadena que a veces se implementa para este propósito no es exactamente de indagación cuántica como la que hemos venido recomendando para las RepM en cuanto a descubrir su estructura profunda se refiere. No, la cadena se denomina en nuestra terminología doméstica, mediática y poco rentable, como un deporte nacional, el llamado “chismorreo o chisme”.

Es una verborrea, y para los que no entiendan el término, diré que se parece a la diarrea liquida y maloliente que viene después de una mala comida o de unos malos tragos. Es totalmente inútil y desgastante. Porque no solamente no sirve para averiguar la verdad, sino que también, la cadena de personas utilizada para averiguar infidencias “del otro”, causa una distorsión inútil de los hechos.

……No nos gusta la idea de que no es posible adivinar los pensamientos del otro. Entonces entramos en la peligrosa maniobra de “suponer que podemos saber lo que el otro está pensando y peor aún, lo que está razonando”. Podemos estar tan confundidos que se puede llegar a actuar presuponiendo la ilusión de saber lo que el otro piensa – sin averiguarlo- e igualarla con lo que es real.

“Y a pesar de lo que usted esté pensando, yo creo que sucederá tal o cual cosa”

Estos son algunos de los hábitos malsanos que corresponden al modo de pensamiento dualista, totalmente mecanicista y superficial.

Además, se termina por empoderar al “otro”, dada la importancia que se le da. Tanto que se llega a pensar que sin su presencia yo no valgo nada. Es así como el otro, y su pensamiento, entran a ocupar un lugar preferencial dentro de la mente, haciendo que mantengamos distraídos y que nos desgastemos inoficiosamente, en una “pelea” donde no hay rival definido.

Entrometerse en los pensamientos del otro, sin que este los haya elucidado y manifestado primero, constituye un acto vergonzante muy típico del pensamiento subdesarrollista frecuente en los pueblos latinoamericanos. Es una estrategia dualista y polarizante. Sus efectos son desgastantes, imposibilitantes y paralizantes.

Es por lo que adoptar una posición de observador activo, de interpretación de la realidad y de experimentación dentro de la misma, es la solución a este impase que nos presenta y propone el mundo dualista en el cual hemos interactuado – desafortunadamente -la mayor parte de nuestros días.

¿Cómo un marco conceptual cuántico resuelve ente embrollo, tan arraigado y profundamente enraizado en la mente y el corazón de nosotros los latinoamericanos?

La solución ha sido un acto de creación radical: Dado que dentro de la percepción cuántica del observador activo y de una realidad que cambia al igual que cambia también el observador…

em>< El otro no existe. Sólo existo Yo >>

Pueden observar los profundos efectos y el alto impacto de esta nueva percepción:

Al no existir el otro para mi mente inconsciente, queda resuelto toda la inútil relación con quien es y ha sido sólo una ilusión: El “fantasma” del poder fuera de nosotros.

El poder externo al campo de la consciencia que nos abraza, que nos penetra, que nos expande es tan sólo eso, un espejismo.

El campo de la coherencia cuántica es un campo unificado con infinitas posibilidades para todos de manera afortunada e inexorable; no importa que muchos todavía se resistan a esta realidad, que, como el amor, es la única que existe.

Mientras “la inteligencia colectiva local” de nuestra raza no se atreva a trascender el limitante punto de observación dualista en el que está anclado actualmente, y se decida a situarse en el otro lugar de observación activa, estaremos condenados a desgastarnos en inútiles debates y contiendas.

No obstante, y sabiendo que no somos muchos, ya estamos aquí para usufructuar el privilegio de incursionar en este marco de pensamiento, que constituye desde ahora una parte vital de una visión contemporánea del mundo en que nos movemos.

Muchos amigos y colaboradores se irán de nuestro lado, porque van a descubrir que no nos pueden manipular ni retrasar más en la concreción inexorable de esta conveniente, ética y ecológica visión que compromete el bienestar y el desarrollo proactivo de una gran comunidad de personas.

Trazaremos un nuevo camino sobre los fósiles mentales de quienes decidan quedarse a esperar un desenlace biológico, negándose a expandir sus consciencias.

Hasta Pronto,

Jose Edgar Castaño

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