Viernes, 6 Diciembre, 2019

Vamos a continuar con la parte 2/2 de la revisión de esta Emoción Interferente Apocalíptica, complementando su parte 1 que fue publicada el pasado 22 de noviembre del 2017.

Mencionan algunos autores esta curiosidad del odio: que existe en una escala. Es un referente para que su naturaleza emerja dentro del juego de los contrastes: Por ejemplo, “tener deseo de algo…”, “…el gusto por algo”, y, al final “ odiar algo”, son básicamente los polos opuestos en la misma escala. Dicho de otra manera, parece ser la misma cualidad de algo calificado con la métrica ; y finalmente lo que la hace o no conveniente es la intención detrás de la intención de los actos implicados en estas situaciones.

Experimentar decididamente esta emoción interferente, causará o traerá unas consecuencias:

Las irremediables consecuencias del odio:

El odio contiene una improbabilidad de emerger desde el campo cuántico, dado que no contextualiza armónicamente dentro del diseño de las cosas convenientes, es decir infoenergía en la misma dirección del campo, y en este sentido su utilidad se basa, excepcionalmente, en que sirve para motivar a destruir un objeto o persona que causa odio; en otras palabras, desfuncionalizar ese algo, persona u objeto que causa una fuente de dolor constante.

Un singularidad no va a prevalecer en el campo cuántico mucho tiempo, y será colapsada por la tendencia mayor del entorno o sector del campo. La calma de un lago se impone a la turbulencia creada por el impacto disruptivo de una piedrita lanzada por chavo desprevenido contra el espejo del agua de un lago en calma que refleja la luz de la luna o del sol en un atardecer. O que refleja quizás su propia imagen. Situada la energía mayormente en la masa mayor de aquel lago, en el que impera la serenidad, ésta termina por aplacar la zona improntada con la piedrecita que causa temporalmente la turbulencia.

El elemento de rescatar aquí es que el Odio motiva a hacer algo en el sentido de recuperar “un estado del campo”, un estado de control, serenidad o calma, que es necesario para que la infoenergía se manifieste en el único sentido posible dentro del universo: el bien, el equilibrio, la abundancia. Y para retornar a ese estado, cuando se ha perdido, el universo no duda en transformar decididamente algo que es la perturbación: a nuestros ojos parecerá que se destruye algo.

¿Cual es el indicador para el campo para disparar su decidida acción en pos de retornar a un estado?. Es la cosa, o circunstancia ,que se convierte en una “fuente de dolor constante”. Es así como estamos dotados en la parte neurobiológica: alistados para percibir dolor, únicamente, como una alarma necesaria para movernos, para protegernos, y nunca para entrar en la experiencia “continuada” de un estado de displacer o de sufrimiento.

Para ir en coherencia con las cosas, está destrucción podría circunscribirse únicamente a “la destrucción de un causa en un sentido estrictamente funcional. Va en el sentido de obviar una cosa, no a una persona. Un ejemplo de esto pudiera ser “el acto de destruir un aparato receptor de televisión cuando odias profundamente los mensajes inapropiados que allí se exhiben y transmiten; o inquirir para mantener a alguien en la cárcel para protegerse de un probable daño que podría causarnos con “una conducta desbordada”, estando libre; o cuando se adelantan acciones para arruinar la carrera política de alguien, motivados por circunstancias situadas en el pasado.

El odio también puede venir con la intención de recrear un límite por razones de comparación con otras circunstancias .O puede venir para inducir – ahora – el sufrimiento en otra persona u objeto. Tácitamente dentro del compendio de la ira, las acciones no se enfocan totalmente en la destrucción, o desaparición del otro: lo que se desea es observar que aquella cosa o persona ahora experimente una pena como compensación al daño que ha producido.

Si hemos mencionado que el odio motiva a una acción, entonces de que manera podemos usar ecológicamente esta emoción interferente mayor?

De qué manera usar el odio?

Ante todo debemos evitar inducir el odio a propósito, es decir, con premeditación. Mejor que se mantenga en la pantalla de nuestro cuerpo, de forma natural, como una emoción interferente que nos solicita cooperación meta consciente para su solución.

Recuerda que el odio, como emoción super poderosa, tiene su habilidad para “salirse de nuestro control conciente”. Una vez que supera su límite de “solo enojo” y se convierte en esa poderosa energía desbordante…

Así que cuando ya no hay enojo sino ira y te encuentras con ella, debes “aislarla”, secuestrandola para poderla controlar. Y esto significa transformarla a través de un proceso de “destrucción funcional”. No es una anulación de su infoenergía, sino una “conversión intencionada”.

Un primer paso puede ser “disolviendo el desencadenante del dolor subyacente” (por ejemplo, la ira o el miedo) que estaba siendo estimulado.

En algunas oportunidades, el odio puede ser el catalizador que te va a motivar hacia el empoderamiento, para el auto lanzamiento dentro de una acción que busca alcanzar logros laborales, personales, y toda suerte de situaciones exitosas y naturaleza similar.

Y el punto clave de tener en mente es “darse cuenta” de que en algún momento hay que propiciar cosas y dejar ir el odio, porque, en última instancia, se volverá auto destructivo.

Una vez superada su utilidad, hemos llegado al punto de proseguir propiciando la manera de disolver esta emoción interferente. Esto se debe hacer cuando ya se ha alcanzado el propósito de Protección contra un daño o dolor percibido.

Maneras de disolver el odio.

1º. Estrategia Uno: Disolver la situación subyacente: lo que lo alimenta.

En este orden de ideas, para disolver el odio, es necesario disolver la condición subyacente: sus raíces, aquello que lo ha motivado, que le ha permitido sobrepasar la barrera retornable del enojo y lo ha convertido en una fuerza auto destructiva.

Entre las condiciones subyacentes están: el miedo, la ira, el dolor, la injusticia, la insuficiencia, las pérdida, etc, todos estados que están perjudicando el devenir de las personas.

Experimentaran sin lugar a dudas que, una vez disipada la condición subyacente, las experiencias como dolor, ira u odio, ya no se disparan más y dejan de interferir con nuestros sanos propósitos. Ocurre así porque ya no hay ninguna motivación para sentir odio. El “Odio bien” ahora se ha quedado sin agua y eventualmente se secara por completo como una planta que no se irriga: paraliza su crecimiento y pierde su lozanía y se extingue.

Si por alguna razón no te ha gustado esta manera de disolver el odio, te propongo lo siguiente:

2º. Estrategia Dos: Volver a humanizar el objeto del odio:

Puedes utilizar hacer un re encuadre de la situación: Ahora decides pensar compasivamente en la persona que estando en la cárcel pagando por haberte hecho un daño, y cuya condena pudiera ser menor si se contará con tu aprobación, y decidieras ahora colocarte empáticamente en sus zapatos y recrear su sufrimiento como padre, al estar privado de la compañía de sus hijos menores”. Si es una institución, por ejemplo, reconocer que otras muchas personas buenas trabajan en ella y derivan su sustento de aquello que hacen allí que mayormente produce un efecto benéfico sobre una comunidad.

Si se tratará de una persona o grupo, entonces hacer una acción simultánea para disolver el dolor y humanizar los afectados, podría ser necesario.

3º. Estrategia Tres: El Perdón.

La manera más poderosa de disolver el odio es a través del Perdón. Sin embargo tenemos que entender un perfil del perdón que suele estar desligado de cualquier protocolo de perdón, incluido al sentimiento que abunda dentro de las religiones del mundo moderno.

Tal vez conocemos a personas que están amargadas, malhumoradas, que odian la vida, que odian a la gente que les rodean o que odian al mundo que es su entorno. Las únicas personas que realmente sufren a causa de ello son ellos mismos.

Es este uno de los secretos detrás del odio: que es una emoción auto destructiva y que puede devorar a una persona. El perdón ayuda liberar el odio y el sufrimiento que conlleva.

Pero aquí, no basta el frecuente perdón en la doble dirección – concepto dualista- de solicitar perdón y dar perdón.

No, aquí el aporte cuántico a esta situación: Él perdón mas necesario, mas radical y que produce los mejores efectos es el “auto perdón que nos hacemos a nosotros mismos por haber actuado en contra o habernos dejado interferir por las situaciones de otras personas. Se refiere al hecho de haber permitido una intromisión

Por último, recordar que una manera simple de disolver el odio es simplemente eliminando la consideración del estímulo. Se puede hacer una transacción: “se me causan esto por reciprocidad de algo que yo he causado en otros”. Es como una anticipación del sentido de la justicia a la cual no podemos escapar. Una vez hecho esto el gatillo que dispara el odio comienza a disiparse, y la persona comienza a ser más racional. Y una vez que recupera su sentido racional en este contexto de odio, puede elicitar otros recursos que le ayudaran a disipar definitivamente el odio.

Una vez más recalcar, que el propósito de estas lecciones no es dejar a la gente en la experiencia del odio. Deseamos que sean capaces de ir más allá de la limitación que causa ser víctimas y retornar a disfrutar una vida natural, saludable y feliz de nuevo al disipar tan difíciles interferentes.

Hasta Pronto, Ingresarios.

Jose Edgar Castaño

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